viernes, 26 de junio de 2015

USINA DEL ARTE. PROGRAMACIÓN. Buenos Aires, Argentina





La Usina del Arte es un centro cultural multidisciplinario en el barrio de La Boca. 

HISTORIA




LA ÍTALO
En los albores del siglo XX Buenos Aires comenzó a delinear el perfil industrial que durante casi 100 años caracterizaría a los barrios aledaños al puerto. Fue allí, en el núcleo fabril de La Boca, donde se decidió emplazar el edificio que albergaría a la Ítalo Argentina de Electricidad, un “palacio de la luz”, acorde a la nueva estética industrial de la época, capaz de satisfacer la creciente demanda de energía de la ciudad. El trabajo fue encargado al arquitecto Giovanni Chiogna, un italiano de Trento con influencias neorrenacentistas y florentinas del norte de su país.
El edificio, ubicado entre la Av. Pedro de Mendoza y la calle Senguel (Benito Pérez Galdós desde 1920), comenzó a construirse a fines de mayo de 1914 con un diseño con reminiscencias a un palacio florentino, estilo dominante en las construcciones de iglesias y fábricas de la época. Desde sus orígenes, la Usina marcó un hito en el paisaje urbano: en el pasado, por su escala y monumentalidad (con una superficie total de 7.500m2) potenciada en un entorno desolado,  y en el presente, por su calidad, singularidad y color.
Su construcción fue por etapas. La primera fue la del cuerpo edilicio de Pedro de Mendoza y Pérez Galdós, inaugurado en 1916, un edificio rectangular con basamento de piedra gris, muro de ladrillos con ornamentos pétreos y ventanas uniformes, que encerraba dos grandes naves paralelas -una para calderas (el actual auditorio sinfónico) y la otra para turbinas (hoy, Nave Mayor)- y otros dos cuerpo paralelos para servicios auxiliares y oficinas. En su exterior, el edificio aparentaba tres niveles: planta baja, planta principal y altillo. El prisma se quebraba en las esquinas del edificio, en una de las cuales se elevaba una torre almenada, y en la otra se hallaba la ochava del acceso.
Ya en 1916 y en 1919 se habían efectuado algunas ampliaciones al edificio original, pero fue en dos etapas posteriores de crecimiento que la Usina alcanzó su forma final: la construcción de un segundo edificio, más angosto y pequeño que el primero, con una torre con techo de tejas a cuatro aguas, separado del original por medio de una calle interior, y la prolongación de la nave de generación hasta la calle Caffarena. Así, en la esquina con Pedro de Mendoza, quedó conformada como un gran atrio de acceso, un “patio de honor”, con una magnífica torre-reloj y una escalera artística desde el suelo hasta el primer nivel, que datan de 1926. La calidad de la obra se acrecienta con los detalles: las fachadas internas, revestidas en piedra París, con basamento granito; las molduras y capiteles, hoy restauradas, de gran valor patrimonial, y los balcones del anexo Pedro de Mendoza, con sus barandas originales.
Energía para la ciudad
Pese a las dificultades causadas por la I Guerra Mundial, la empresa pudo llevar a cabo su proyecto cumpliendo un plan preciso y eficaz. Al inaugurarse la usina de Dársena Sur, la empresa ya poseía una red central, con 5 usinas de generación de corriente continua de 225 voltios que, al mismo tiempo, actuaban como sub-usinas de transformación y de reserva. El sistema de generación de cada usina estaba constituido  por una batería de motores de combustión interna (sistema Diesel) que accionaban las dínamos. Esa corriente era distribuida por medio de cables, abastecía a la red domiciliaria, suministraba alumbrado público y también proveía de flujo eléctrico al Puerto Madero. La nueva usina venía a ser no solo un crecimiento lógico del proyecto industrial, sino también la “nave insignia” de la compañía, su primera “catedral eléctrica”.  Y la obra maestra de Giovanni Chiogna.
El flamante edificio y sus dependencias, incluyendo las cámaras de depósito del combustible, alcanzaban los 2.500 m2. La maquinaria había sido montada a fines de 1915 y se puso en funcionamiento el 17 de enero del ’16. En 1916 el proyecto tenía previsto que el combustible pudiera ser conducido a la Usina por medio de carros-tanques comunes o por vagones-tanques, para lo cual la Usina tenía un desvío propio de ferrocarril empalmado con las líneas del puerto. En 1921 ya se habían agregado dos tanques de combustible más, de hormigón armado forrados interiormente en metal, y una cañería de conexión con la Dársena Sur para que la alimentación se hiciera directamente desde embarcaciones provenientes de Dock Sud. El agua de refrigeración se captaba por medio de tomas bajo nivel con filtros. A través de un canal de descarga el agua volvía al río mientras las chimeneas que coronaban el edificio humeaban constantemente.
Para el montaje y desmontaje de los grupos generadores, la nave poseía un vigoroso puente-grúa, de comando eléctrico, capaz de izar una carga de 45 toneladas. Por entonces, el plantel de generadores de energía eléctrica estaba constituido por 5 unidades: 3 turbo generadores de 6.250 K.V.A. y 2 de 12.500 K.V.A. agregados ese año. La corriente producida por los alternadores era trifásica, de 50 ciclos por segundo, y de una tensión de 6.600 a 7.000 voltios entre fases. Durante períodos de escasez se quemaron otros combustibles como carbón, maíz, luego fuel-oil y finalmente gas.
La historia de la Ítalo después de 1936 se convirtió en una trama novelesca. En 1980, luego de la venta por sus propietarios al Estado Nacional, se incorporó a SEGBA, quien a su vez la transfirió a EDESUR. Más tarde fue operada por la firma metalúrgica ACINDAR, hasta que en 1997 esta última decidió liquidarla debido a la sobreoferta energética y a los costos operativos de la Central. Sus instalaciones fueron desmanteladas y vendidos sus componentes. Desactivada y desmantelada, la que fuera la usina más moderna y notable de la ciudad sufrió un severo deterioro.
Finalmente, el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, decidió su adquisición con el objetivo de salvaguardar un bien de gran valor patrimonial, cultural y arquitectónico para la ciudad. Su sucesor, Jorge Telerman, y el actual jefe de Gobierno Mauricio Macri, decidieron su recuperación para un destino cultural y, finalmente, saldar una vieja deuda con la ciudad y dotarla de sus primeras dos salas de concierto, prestigiadas por su calidad acústica y la excelencia en la programación.
BOCA
En 1905, cinco jóvenes deportistas de La Boca se reunieron en la Plaza Solís con la ilusión de fundar un club de fútbol, deporte impulsado por el británico Alejandro Watson Hutton desde la St Andrew’s Scots School. El primer campo de juego del equipo fue en un descampado, el predio de Pedro de Mendoza y Benito Pérez Galdós, el mismo que hoy ocupa la Usina del Arte. El club se inició en forma triunfal y fue creciendo en socios y en prestigio. Pronto la cancha quedó chica y Boca la dejó en 1908.

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FUENTE: usinadelarte