domingo, 19 de julio de 2009

DON JOSÉ DE SAN MARTÍN (1778-1850)







¿Qué sucedió el 17 de Agosto?

El 17 de agosto de 1850 es la fecha del fallecimiento del General José de San Martín. El prócer se encontraba en su casa de Boulogne -Sur-Mer, Francia; país al que había llegado a radicarse en 1830. Sus restos llegaron al país, trasladados en el buque “Villarino”, el 28 de mayo de 1880. Fueron recibidos en el puerto de Buenos Aires por las principales autoridades nacionales y trasladados, primero a la plaza “San Martín” y luego a la Catedral porteña, donde se encuentran actualmente. El presidente de la Nación, Agustín P. Justo, el 2 de agosto de 1933, firmó el Decreto Nº 26.129, a través del cual se declara el 17 de agosto fecha en la que se recuerda la figura y la obra del General San Martín.

Vida de San Martín y primeros logros políticos

José de San Martín nació en Yapeyú el 25 de febrero de 1778. En 1786 se trasladó a España junto con sus padres, don Juan de San Martín y Gregoria Matorras. Instalado ya en ese país, ingresó al Seminario de Nobles de Madrid. En 1789 comenzó su carrera militar en el regimiento de Murcia. Luchó en la campaña del Norte de África combatiendo a los moros; posteriormente fue ascendido a subteniente. Además, en 1802, participo en batallas contra los portugueses y en 1804 contra los ingleses, en Gibraltar y Cádiz.
En 1808 las tropas de Napoleón invadieron España y el rey Fernando VII fue hecho prisionero; Napoleón corona a su hermano, José Bonaparte, como nuevo rey. La resistencia española ante la invasión francesa no se hace esperar y comienza una batalla por la liberación de España que culmina al ser vencidas las fuerzas napoleónicas. San Martín fue distinguido con el grado de teniente coronel por sus acciones contra las tropas francesas. Luego de una estadía en Inglaterra regresa a Buenos Aires donde comienza a integrarse en la conflictiva la situación política del Río de la Plata.

En el proceso revolucionario comenzado en 1810, la llegada de San Martín, Carlos de Alvear y un grupo de oficiales de origen americano que habían luchado contra los ingleses primero y luego contra Napoleón, fue decisiva en los acontecimientos futuros.

La derrota de Mariano Moreno y su grupo, la muerte de éste y la posterior destitución de Cornelio Saavedra, permitieron la proyección de la figura de Bernardino Rivadavia como secretario de la Primera Junta de Gobierno en 1811 que desplazó a la Junta Grande; así Rivadavia pasó a controlar el verdadero poder detrás del triunvirato conformado por Feliciano Chiclana, Juan José Paso y Manuel de Sarratea. Las actividades del gobierno de la Primera Junta, dirigidos por Rivadavia, adquirieron un claro contenido contrarrevolucionario que tuvo duros cuestionamientos de los sectores independentistas. El descontento fue en aumento hasta que un alzamiento revolucionario conducido por San Martín y sus tropas exigieron el cambio de gobierno y la convocatoria de una Asamblea Constituyente para la elección de un nuevo triunvirato. Fueron elegidos para integrar el Segundo Triunvirato de Gobierno, Juan José Paso (crítico de la gestión de Rivadavia), Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte. Este segundo triunvirato entró en funciones el 8 de octubre de 1812 y fue disuelto el 31 de enero de 1814.

En 1814 el director supremo Gervasio Posadas designó a San Martín gobernador de Cuyo, en la provincia de Mendoza, comenzando entonces los preparativos para llevar a cabo el plan de liberación del territorio sudamericano. Si bien el plan contemplaba la expedición al Perú, los conflictos políticos en Chile y el avance de tropas realistas en el territorio llevaron a San Martín a efectuar una sustancial modificación al proyecto original, entonces tomó la decisión de que primero tenía que liberar a Chile y después continuar su expedición libertadora hacia el Perú.

Formó un campamento militar en la localidad de El Plumerillo, en el noroeste de Mendoza, donde actualmente se encuentra el aeropuerto de la ciudad. En este lugar formó soldados y oficiales, fabricando armas, uniformes y demás pertrechos para equipar al Ejército. Fray Luis Beltrán, integrante de la expedición, inventó un sistema de poleas para poder transportar los cañones por los difíciles e intransitables pasos de la cordillera de Los Andes y también de puentes colgantes. Ambos elementos se podían transportar en la marcha por los pasos cordilleranos hacia Chile.

San Martín, en una instancia previa a esta expedición, obligó a la aristocracia cuyana compuesta por comerciantes y hacendados a realizar contribuciones. Al que se negaba se le confiscaban los bienes personales y era enviado a la cárcel. Con respecto a los españoles residentes en la zona cuyana directamente se les confiscaron todos los bienes.

Estos preparativos no impidieron que estuviera al tanto de la situación política en el Río de la Plata y apoyó totalmente a los movimientos independentistas. Cuando se formó el Congreso de Tucumán presionó a los diputados cuyanos para declarar la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, objetivo conseguido el 9 de julio de 1816.

En carta a Godoy Cruz del 12 de abril, le expresa: “¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia! No le parece a Usted una cosa ridícula acuñar moneda, tener pabellón (…) y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos. ¿Qué nos falta más para decidirlo?. (…) Animo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas. Preciso es que nos llamemos independientes para que nos conozcan y respeten.”


Cruce de los Andes

El 12 de enero de 1817 se inició el cruce de los Andes hacia Chile. El Ejército se dividió en seis columnas, cuatro de ellas tenían como objetivo distraer a las fuerzas enemigas y conseguir además la adhesión de los pobladores a la expedición. Las dos columnas principales, que concentraban el grueso del Ejército, eran comandadas por San Martín. La primera debía atravesar la Cordillera por el paso de Los Patos, al mando del general O'Higgins. La segunda columna estaba bajo el mando del general Las Heras, y debía marchar por el paso de Uspallata (actual Paso de la Cumbre). Ambas columnas debían reunirse en el valle del Aconcagua, mientras que efectivos menores dispersaban las fuerzas enemigas, induciéndolas a engaño respecto del avance de la agrupación principal, consiguiendo pequeñas victorias y luego derrotando totalmente a las tropas realistas en la batalla de Chacabuco.

El éxito de la expedición a Chile y la caída del poder español en ese país tuvieron repercusiones políticas de vital importancia: se ampliaba el proceso revolucionario en Sudamérica y quedaba libre de enemigos la parte austral del territorio; además atenuaba la situación de las provincias cuyanas al restablecerse el tránsito trasandino y fundamentalmente porque fue un impulso decisivo para seguir adelante con el plan de San Martín para derrotar en forma definitiva a la resistencia española en el Perú.La dura derrota infligida al ejército patriota en Cancha Rayada hizo dudar sobre el futuro de la expedición, pero San Martín recompuso al ejército y derrotó a los realistas en la batalla de Maipú en 1818, obligando al retiro de las tropas españolas al mando del general Osorio. Así Chile quedo libre de enemigos. Al mismo tiempo que San Martín llevaba a sus tropas hacia Perú, Simón Bolívar prosigue su campaña victoriosa, libera el territorio de Nueva Granada y funda la República de Colombia en 1819; posteriormente triunfa sobre el ejército español al liberar Venezuela.

Mientras tanto, San Martín al frente del ejército aliado argentino chileno, en una operación de gran envergadura, en lo táctico y estratégico, desembarca en las costas peruanas y sitia la ciudad de Lima, derrotando totalmente a los españoles y proclamando la independencia del Perú. Recibe el título de Protector de la Nueva República.Ambos libertadores intercambian mensajes, mientras preparan las campañas decisivas y organizan sus respectivos frentes internos para conseguir recursos para continuar la guerra. Se mantienen informados de la situación política general y atienden todas las propuestas que les hace llegar la diplomacia española que quiere lograr una paz honrosa, sobre la base del reconocimiento de la independencia y el retiro de los ejércitos españoles del territorio.

Para lograr ese fin era indispensable que el Estado apoyara sin dudar el mantenimiento y aumento del poder militar. Estaban en juego las estratégicas provincias del Alto Perú y San Martín necesitaba imperiosamente el apoyo total de Buenos Aires para terminar con el poder español. En Buenos Aires, el gobernador Martín Rodríguez apoyado por Rivadavia, negó la ayuda que San Martín requería. Las acciones de Rivadavia fueron duramente cuestionadas por San Martín, se trataba de dos proyectos opuestos.

Las dificultades de San Martín en Perú provocaron su irrevocable retiro, después de la entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar. Fue indudable que el apoyo del gobierno era crucial para continuar con la campaña libertadora; de haber ocurrido así las provincias altoperuanas no se hubieran perdido. Por otro lado, Bolívar quería tener la gloria de penetrar en Perú con su ejército libertador.Después de su retiro, fue perseguido y acosado hasta que finalmente ya cansado y enfermo se embarca hacia Francia con su hija Mercedes, donde falleció en la localidad de Boulogne-Sur-Mer el 17 de agosto de 1850.


Cartas
En carta a Godoy Cruz del 12 de abril de 1816, le expresa:



“¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia¡ No le parece a Usted una cosa ridícula acuñar moneda, tener pabellón (…) y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos. ¿Qué nos falta más para decidirlo?. (…) Animo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas. Preciso es que nos llamemos independientes para que nos conozcan y respeten.”


En 1821 San Martín en una carta dirigida a O’Higgins, le señalaba:

“El partido actual que gobierna en Buenos Aires no me perdonará jamás mi negativa a sacrificar la división que estaba en Mendoza a sus miras articulares; pero V. ni yo, mi buen amigo, no esperemos recompensa de nuestras fatigas y desvelos, y sí sólo enemigos; cuando no existamos nos harán justicia"


San Martín: del hombre al bronce


José de San Martín ocupa los primeros puestos entre los hombres que se destacaron por su actuación en las luchas por la independencia americana en las primeras décadas del siglo XIX. Su trayectoria sobrepasó los límites de la actual Argentina y esto no es una casualidad porque su proyecto era amplio y abarcaba buena parte del subcontinente de América del Sur.

Llamativamente vivió pocos años en América: sólo doce –en edad adulta- de los 72 años que duró su vida. La mayor parte de su vida transcurrió en Europa desde la partida de sus padres a España cuando José de San Martín tenía cinco años. Es bastante conocida su actuación en los ejércitos españoles y también su papel en las luchas de independencia de Sudamérica.

Su paso por América tenía un fin preciso y este objetivo era compartido por un grupo de hombres organizados en asociaciones secretas, más conocidas como sociedades patrióticas o logias. Estos grupos formaban parte de un nuevo tipo de asociacionismo, de iniciativa laica, que había surgido en las elites criollas comprometidas con la revolución. No se trataba de un fenómeno sólo del Río de la Plata sino que también tuvo lugar en otras regiones de Hispanoamérica como Nueva Granada, Chile y Perú.

En el caso rioplatense no está claro que hayan existido logias de tipo masónico sino hasta después de la caída de Rosas. Lo que sí se conoce es el funcionamiento de logias militares secretas. De una de ellas –la Logia Lautaro- es de la que participa José de San Martín quien en marzo de 1812 llegaba a Buenos Aires en una fragata inglesa con varios militares a bordo entre los cuales se distinguían Carlos María de Alvear y José Zapiola. A su acción –en vinculación con otros sectores- se le atribuye, por ejemplo el derrocamiento del primer Triunvirato, la elección del segundo y la convocatoria del congreso que pasaría a la historia como Asamblea del Año XIII.


Propuestas para alumnos

Los monumentos a los próceres, a los símbolos y a las gestas patrias se presentan como una de las maneras de mantener viva la idea de un pasado común. La posibilidad de ver sus figuras en la vida cotidiana –calles, plazas, billetes, estampillas- permite que se conviertan en una parte siempre presente del paisaje cultural.
A través de los siguientes materiales los invitamos a recorrer lugares, monumentos, imágenes, objetos de la vida cotidiana, libros, películas y música que en distintos momentos luego de la muerte de San Martín contribuyeron a la construcción de la figura del prócer.


Para seguir pensando:

¿Qué lugares de tu barrio –calles, plazas, estaciones de subterráneo o de tren, estatuas, entre otros posibles– recuerdan la figura de San Martín?
¿A qué formas de representación se recurrió?
¿Qué mensajes transmiten los monumentos?
¿Qué se busca exaltar mediante ellos?
¿Cuál es la importancia de ellos en el proceso de construcción de una identidad colectiva?
¿Cuáles son los nuevos monumentos que ustedes propondrían para su ciudad?.




INFORMACIÓN PROVENIENTE DEL PORTAL DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES:






Máximas para mi hija, 1825


El general José de San Martín redactó estas máximas para su hija Mercedes Tomasa, que



1- Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una Mosca abriéndole la ventana para que saliese: Anda, pobre Animal, el Mundo es demasiado grande para nosotros dos.


2- Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira.


3- Inspirarla gran Confianza y Amistad pero uniendo respeto.


4- Estimular en Mercedes la Caridad con los Pobres.


5- Respeto sobre la propiedad ajena.


6- Acostumbrarla a guardar un Secreto.


7- Inspirarla sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones.


8- Dulzura con los Criados, Pobres y Viejos.


9- Que hable poco y lo preciso.


10- Acostumbrarla a estar formal en la Mesa.


11- Amor al Aseo y desprecio al Lujo.


12- Inspirarla amor por la Patria y por la Libertad.




Código de Honor

Establecimiento de la Reunión Mensual de los Oficiales y Cadetes del Regimiento de Granaderos a Caballo.



“Cada domingo del mes deben reunirse todos los oficiales y cadetes en casa del Comandante del Regimiento. Este abre la sesión con un pequeño discurso en que demuestra la utilidad de tal establecimiento y la obligación que tiene todo oficial de honor de no permitir en el seno del Cuerpo ninguno que no corresponda a él”.


“Concluído el discurso mandará salir oficial por oficial a otra pieza en la que habrá unas tarjetas en blanco para que cada uno escriba lo que haya notado en la comportación de algún compañero”.
“Concluído esto se levantará el Sargento Mayor o el Capitán más antigüo en defecto de éste, y correrá el sombrero en el que cada oficial depositará su papeleta con la mano cerrada para introducirla. Recogidas que sean las pasará al jefe principal para que las revise en secreto y si encontrase alguna acusación y el acusado se hallare presente lo mandará salir, lo que verificado hará presente al cuerpo de oficiales la papeleta que ha dado motivo a la salida anterior”.


“Cada oficial tiene derecho para hablar sobre el particular que se propone, lo que discutido a satisfacción, se nombrará una comisión de tres oficiales que será a elección de todo el Cuerpo para la averiguación del hecho; pero dichos oficiales deberán ser más antigüos y de superior graduación que el acusado”.


“Hecha la averiguación, se citará a junta extraordinaria a la que la comisión de residencia hará presente el encargo a que se le ha confiado, y según lo que resulte de la exposición se volverá a discutir sobre ello, cuya discusión concluída, se pasará a votación secreta; es decir, por papeleta y en los mismos términos que se verifican las acusaciones pero firmando cada oficial su dictamen que, poco más o menos, deberá ser concebido en estos términos: «El Teniente don fulano de tal no es acreedor a alternar con sus honrados compañeros», o «el Teniente don fulano de tal es acreedor a ser individuo del cuerpo»”.


“La penalidad de éstos será lo que decida la suerte del oficial y en caso de empate el del Jefe General valdrá por dos”.


“Si el oficial acusado saliese inocente, se le hará entrar a presencia de todo el cuerpo de oficiales y se dará una satisfacción por el presidente”.


“Si el oficial acusado saliese reo, se nombrará una comisión de un oficial por clase, para anunciarle que el respetable cuerpo de oficiales manda pida su licencia absoluta y que en el interín que ésta le concede no se presente en público con el uniforme del Regimiento y en caso de contravenir le será arrancado a estocadas por el primer oficial que le encuentre”.



Delitos por los cuales deben ser arrojados los Oficiales

1. Por cobardía en acción de guerra, en la que aún agachar la cabeza será reputado tal.
2. Por no admitir un desafío, sea justo o injusto.
3. Por no exigir satisfacción cuando se halle insultado. Por no defender a todo trance el honor del cuando lo ultrajen a su presencia o sepa ha sido ultrajado en otra parte.
5. Por trampas infames como de artesanos.
6. Por falta de integridad en el manejo de intereses, no pagar a la tropa el dinero que se haya suministrado para ella.
7. Por hablar mal de otro compañero con personas o oficiales de otros cuerpos.
8. Por publicar las disposiciones internas de los oficiales en sus juntas secretas.
9. Por familiarizarse en grado vergonzoso con los sargentos, cabos y soldados.
10. Por poner la mano a cualquier mujer aunque ha insultado por ella.
11. Por no socorrer en acción de guerra algún compañero suyo que se halle en peligro, pudiendo verificarle.
12. Por presentarse en público con mujeres conocidas como prostituidas.
13. Por concurrir a casas de juego que no sean pertenecientes a la clase de oficiales, es decir, jugar con personas bajas e indecentes.
14. Por hacer un uso inmoderado de la bebida en términos de hacerse notable con perjuicio del honor del Cuerpo.



“Yo estoy seguro que los oficiales de honor tendrán un placer en ver establecidas en su cuerpo unas instituciones que lo garantizan de confudirse con los malvados y perversos, y me prometo (por lo que la experiencia me lo ha demostrado) que esta medida les hará ver los más felices resultados como la segura prosperidad de las armas de la Patria”.


Nota: “El cuerpo de oficiales tiene un derecho de reprender (por la voz de su jefe) a todo oficial que no se presente con aquel aseo propio del honor del cuerpo, y en caso de reincidencia sobre este defecto, quedan comprendidos en los artículos de separación de él”.



Proverbios de la Caballería

1. Caballero es hombre que procura la paz por la fuerza.
2. El caballero es hombre elegido antiguamente para ser mejor hombre que otro.
3. El caballero tiene espada por justicia, y caballo por señorío.
4. Como la humildad está elevada, el caballero debe ser humilde.
5. El caballero va bien vestido porque es honrado.
6. Las vestiduras de telas no son tan nobles como las de las virtudes.
7. El caballero tiene divisa para ser conocido por todos.
8. Un mal hombre no debe ascender a lo alto para que sea conocido.
9. El orgullo rebaja al hombre.
10. Quien sube es por virtud; quien baja es por vicio.
11. Villano que se hace caballero, injuria al caballo.
12. Caballero vil, solamente debe cabalgar en asno.
13. Al caballero pertenecen bienes y honras.
14. El mundo se hallaría en buen estamento si fuesen señores de él un buen clérigo y un buen caballero.
15. Buena es la compañía de un buen clérigo y de un buen caballero.
16. Nadie es más vil que un caballero cobarde.
17. Nadie cae tan bajo como el que cae desde una gran virtud.
18. Hayas temor del caballero humilde; pero no del orgulloso.
19. Más fuerte es el caballero por sus virtudes que por la lanza y la espada.
20. El mundo juzga a los caballeros por sus trabajos.


La Estatua y El Compadre CriolloFuente: Luna, Félix. La Nación. Buenos Aires, 1998, Sección 6, pág. 2.
Buenos Aires, Domingo 16 de Agosto de 1998



En la figura del libertador se combinan virtudes públicas y privadas, que hacen de él una personalidad excepcional aún entre los grandes héroes. En ocasión de un nuevo aniversario de su muerte, el autor de esta nota evoca algunos rasgos y anécdotas del militar argentino que lo muestran en su vida cotidiana y que subrayan, en este momento del país, la grandeza ética del prócer y su profunda modestia. Es curioso que un hombre que vivió muy pocos anos en la Argentina y cuyas hazañas militares tuvieron lugar fuera de nuestro territorio sea, para los argentinos, e1 Padre de la Patria. Esta jerarquía moral incluye, además, un auténtico afecto por parte de nuestro pueblo, que no ha necesitado los grandes libros que se escribieron sobre él ni los ritos escolares en su recordación para hacer de José de San Martín una figura armada, querida, rodeada de un innegable cariño popular.

¿Cuál es la causa de este fenómeno? Tal vez sea así porque en San Martín se encaran Valores que son importantes para la comunidad y que, en su persona, se dieron en grado exceso. Por ejemplo, su desprendimiento personal, su falta de interés por los bienes materiales. Vivió de sus sueldos y, en el exilio, de las rentas de la casa que tenia en Buenos Aires y de la pensión que le había otorgado el gobierno del Perú. Más tarde, su nombramiento como albacea de la sucesión de Alejandro Aguado le permitió ayudarse con los honorarias judiciales que le correspondían. Siempre vivió modestamente, no le importaba el lujo, y es sabido que, después de liberar a Chile, hizo que un sastre le diera vuelta su viejo uniforme en vez de adquirir uno nuevo. Cuando daba algún banquete por razón de su cargo, solía comer antes alguien churrasco en la cocina. Trabajó como un labrador en la finca que le donó el gobierno mendocino y era enemigo de los homenajes se le ofrecían. Esta austeridad de vida hace de la figura de San Martín un paradigma de lo que debería ser un hombre público que caló hondamente en el imaginario colectivo. Otra característica de San Martín que contribuyó a acrecentar su prestigio fue su férreo sentido del honor. Esto se refleja, por caso, en la forma en que hizo abandono del ejercito español. No desertó, no abandonó clandestinamente sus filas, sino que pidió su baja y renunció a la pensión que le correspondía. Cuando organizó el Regimiento de Granaderos a Caballo, el reglamento que impuso a sus hombres enfatizaba la corrección que debían observar en todos sus actos y el cuidado que debían poner en la defensa de su honra. Incluso se consideraba como acto de cobardía el hecho de agachar la cabeza frente a los disparos del enemigo. Sarmiento recuerda en su Facundo que se podía distinguir a un ex granadero desde lejos, por su aporte y su manera de caminar. El sentido del honor y la fidelidad a la palabra empeñada se revelan cuando, estando ya el héroe en Europa, uno de sus antiguos colaboradores le formula algunas preguntas respecto a su actuación en la Logia Lautaro y San Martín responde que no puede contestarlas porque esta atado a un juramento. ¡Y se refería a hechos ocurridos quince años atrás! Lo único que lo sacaba de quicio era que pusieran en duda su honorabilidad. Refiriéndose a una intriga urdida, aparentemente, por el representante argentino en Londres, Mariano Moreno, le escribe a Guido en 1834 diciéndole que había cortado su relación con el diplomático "aunque me quedaba el recurso de haber marchado a Londres y darle una tollina de palos", pero prefirió no hacerlo porque "la opinión del país habría padecido". Y fue en Londres, en marzo de 1825, cuando después de una violenta discusión con Rivadavia en ocasión de estar cenando en casa de unos amigos americanos, San Martín, ofendido, le pidió a su amigo el médico inglés Diego Paroissien que fuera portador de un desafío a duelo con el futuro presidente. Trabajosamente, Paroissien disuadió al general por el escándalo que implicaría y el daño habría de causar el incidente a la causa americana. No era codicioso de poder.

Aceptó ser gobernador de Cuyo con el único propósito de formar allí la base de la fuerza que debía cruzar los Andes. Después de triunfar en Chacabuco y Maipú, declinó convertirse en Director o dictador del pueblo trasandino. En Perú debió hacerse cargo del Protectorado porque no existían allí, en ese momento, elementos orgánicos y confiables para formar un gobierno. Pero después de Guayaquil, cuando percibió que su presencia en el poder de Lima suscitaba recelos en la opinión local, dejó el cargo, devolvió su autoridad al Congreso y abandonó el territorio que había liberado. Al intentar el regreso a su patria, sumida en una cruenta guerra civil, se negó a ponerse al frente del gobierno y se marchó silenciosamente a su ostracismo. En aquellos tiempos, cuando los militares victoriosos accedían casi obligadamente al poder; el ejemplo de San Martín fue insólito y muchas veces provocó especulaciones sobre los verdaderos motivos de sus renunciamientos. Pero la verdad era que el Libertador tenía un solo objetivo la emancipación americana. Los oropeles del mando le eran indiferentes y esa actitud increíble para la época- también contribuyo a rodear a la figura de San Martín de un aura de admiración y respeto. Otro rasgo que nos hace más querible a San Martín es el amor que sintió por su patria, por lo criollo. Hay que recordar que abandonó su pago nativo a los siete años y volvió cuando contaba más de treinta. Sin embargo, rápidamente retornó su condición de hombre de esta tierra. Esto aparece en docenas de documentos que reflejan modos de hablar, sentimientos y vivencias muy nuestras. Veamos uno solo: la carta que envía a su amigo y confidente Tomás Guido desde París, a comienzos de 1827. En esa carta, el libertador habla a Guido de su hija y dice que su abuela "me la había resabiado (como dicen los paisanos) "Lo invita a visitarlo y le asegura que "en cualquier parte en que me halle, una habitación y puchero serian partidos con usted con el mayor placer". Le cuenta como es su tranquila vida pero afirma "mi alma en encuentra un vacío que existe en la misma felicidad y, ¿sabe usted cuál es? El de no estar en Mendoza..." Y más adelante agrega: "Si me dejan tranquilo y gozar de la vida, sentaré mi cuartel general un año en la costa del Paraná, porque me gusta mucho, y otro en Mendoza, hasta que la edad me prive de viajar". Hablar de una niña resabiada, invitar a un puchero, sentir nostalgias por Mendoza y por las costas del Paraná, ¿no son hechos que indican, en este hombre que vive en París tranquilamente y feliz, un hondo sentido de nostalgia y de amor por su patria? En cierto modo, San Martín fue un personaje muy diferente del arquetipo del héroe de aquellas épocas. Carecía de la condición fáustica y la imaginación desbordante de Bolívar. No estaba dotado de esa especial atracción sobre multitudes que tenía Artigas. No era pícaro ni disponía de la capacidad de intriga de Rosas. No lo embriagaba la gloria militar; como le ocurría a Alvear. En todo caso, podía parecerse a Sucre, disciplinado, modesto, ceñido a su deber. Era una figura sin dobleces, que se atuvo a valores en los que creía firmemente y que marcaron siempre su rumbo personal político. Los pueblos jóvenes necesitan inventar a sus héroes: ellos forman parte de su identidad. Para hacerlo, algunas han tenido que falsificar la historia en mayor o menor medida, señalando virtudes inexistentes o borrando defectos. Algunos historiadores y gobiernos tejen la urdimbre de fantasmas que nunca existieron pero que cobran una vida ejemplar y gloriosa en monumentos, monedas, estampillas y fiestas nacionales. Precisan un Héroe, como todo estado precisa un himno, una bandera, una fecha patria o un banco central. Hay que mirar sin dureza esas falsificaciones. Son puntales que afirman una entidad nacional y siempre es mejor, se supone, un prócer fabricado al gusto del país en cuestión, que vivir en la orfandad de un padre común. Aquí no hizo falta ningún artificio. San Martín se refleja en nuestra posteridad tal como fue, porque su vida y su trayectoria han sido transparentes, están ampliamente documentadas. Las calumnias y acusaciones que llovieron sobre su persona fueron refutadas sin necesidad de defensa alguna, por la fuerza de las cosas. ¿Que quería coronarse como rey en el Perú? Da riza pensarlo. ¿Que fue ladrón de dineros públicos? La pobreza que más de una vez lo acosó ridiculiza esa insidia. ¿Que desobedeció la orden del gobierno de Buenos Aires de llevar el Ejército de los Andes a luchar contra los montoneros? En efecto, así fue e hizo muy bien: si hubiera acatado la orden, no habría dado la independencia al Perú. Mitre escribió sus grandes obras sobre San Martín y Belgrano con el propósito de crear personajes que fueran con las columnas fundacionales de nuestra nacionalidad. Pero, aunque no lo hubiera hecho, el recuerdo de San Martín ya estaba instalado en la sociedad argentina: basta recordar que el repatriar sus restos, la guerra civil que había estallado en el país en 1880 cesó por unos días y, espontáneamente, las partes beligerantes depusieron las armas para rendir homenaje al prócer. Hoy echamos de menos esta laya de hombres. Una cultura superficial, frívola, sin respeto por los valores y por la conducta, está engendrando dirigentes que sólo se atienen a la búsqueda del poder, del dinero o de la figuración. Pero el ejemplo de San Martín no es un anacronismo, tiene vigencia permanente. Porque no sólo es un prócer: es un espejo de lo que debería ser un hombre consagrado a las cosas importantes del país, es decir, desinteresado de la riqueza personal, honrado, veraz y sin vueltas, indiferente a la obsecuencia, austero, lleno de amor por la patria. Por eso, uno ve a San Martín no sólo como una estatua sino como a un compadre criollo y amistoso, que está al lado de nosotros vigilando para que no se desmadre nuestro destino como nación.


Félix Luna Para La Nación - Buenos Aires, 1998










INFORMACIÓN DE: REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO











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