jueves, 31 de marzo de 2011

2 DE ABRIL: DÍA DEL VETERANO DE GUERRA Y DE LOS CAÍDOS EN MALVINAS

Fragmento de la carta que el maestro Julio Cao, combatiente en Malvinas, envió a sus alumnos desde las islas. Cao cayó en combate durante la guerra. Su historia, de maestro y de soldado, invita a pensar en cómo el reclamo de la soberanía argentina en Malvinas implica una tarea simultánea: la construcción de vínculos democráticos y la reconstrucción de la patria.


“QUERIDOS ALUMNOS DE 3° B:

No hemos tenido tiempo para despedirnos y esto me tuvo preocupado muchas noches aquí en Las Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi deber de soldado: defender nuestra bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por mí porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al ‘país de los cuentos’ que, como ustedes saben, queda muy cerca de Las Malvinas y ahora, como el maestro conoce muy bien las islas, no nos vamos a perder. Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes. Muchos cariños de su maestro que nunca los olvida”.

Julio Cao nació en Ramos Mejía, en la provincia de Buenos Aires, el 18 de enero de 1961. Hizo el servicio militar obligatorio en el Regimiento de Infantería 3, de La Tablada. Siempre quiso enseñar, por eso hizo el magisterio en Ciudad Evita. Después del servicio militar, se casó con Clara Barrios y empezó a dar clases en la escuela N° 32, de Gregorio de Laferrere. Pero cuando empezó la guerra se anotó como voluntario. Para ese momento Clara estaba embarazada. Julio Cao murió el 10 de junio en las cercanías de Monte Longdon. Su hija, Julia María, nació el 26 de agosto, así que nunca se conocieron.

La historia de Julio Cao reúne dos aspectos centrales en la conformación de la Argentina moderna: el papel del servicio militar obligatorio y de la educación pública en la formación de los ciudadanos y en la transmisión de valores e ideas relativos a la Nación. Cuando Julio hizo la conscripción, el servicio militar obligatorio tenía varias décadas de vigencia: el gobierno nacional lo había implementado en 1904. A principios del siglo XX se pretendía dar cohesión a la nueva república, reforzar el papel del Estado e inculcar una serie de valores nacionales y sociales a los jóvenes.

La escuela pública desempeñó un papel central en este mismo proceso. La pertenencia a la Nación se construyó a partir de una historia basada en las efemérides y el culto por los símbolos patrios. Los niños que se escolarizaban recibían de este modo una educación que constituía una verdadera religión cívica.

Julio Cao, como miles de otros jóvenes, fue hijo de este sistema. Por eso en su carta lo explica con sencillez: tanto ser soldado como maestro, en 1982, eran “misiones” de un ciudadano. Julio, sin embargo, distinguía una de la otra: “No sabe –le escribió a su directora-- cuanto deseo volverme a encontrar frente al grado cumpliendo esa misión mucho más gratificante y provechosa que la que tengo encomendada”.


VER EN FUENTE: EDUCAR

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